Nueva York recordó con dolor a los atentados que le cambiaron la vida
El alcalde Michael Bloomberg y su antecesor, Rudolph Giuliani, participaron del acto central. Sentida ceremonia con la lectura de cada uno de los nombres de los 2752 muertos de aquella trágica jornada. Extremas medidas de seguridad.
El Centro de Intercambio Mundial -el área donde estaban los edificios emblema de la ciudad- guardaba una inusual calma. Apenas el sonido latoso de un micrófono que nombraba a cada una de las victimas permitía imaginar lo que sucedía dentro del memorial. En seis lapsos de la mañana el tiempo se hizo más denso: a las 8:46, 9:03, 9:37, 10:03, 9:59 y 10:28. Esas coordenadas recuerdan el momento en que el avión de American Airlines se estrelló contra la torre norte, cuando el Boeing 767 de United Airlines lo hizo con la torre sur, el golpe contra el Pentágono, la caída de otro avión secuestrado en Pensilvania y el desplome de los edificios hermanos. Sólo el zumbido de los autos a varias cuadras hizo patente el silencio y recordó que se trataba de un día hábil.
“Vengo porque como no recuperaron su cuerpo este es el único lugar que tengo para recordarla. Para mi esto es como si fuera un cementerio”, contó a Tiempo Argentino Roxana Batista, hermana mayor de Giovanna Porras, una contadora de 24 años que trabajaba en una compañía de telecomunicaciones en el piso 83 de la torre Norte. Apenas tenían 8 y 11 años cuando su padre decidió traerlas desde Perú para asentarse en los Estados Unidos. El año pasado Roxana había pedido leer el nombre de su hermana durante el homenaje, pero esta vez prefirió no hacerlo. “Sería aceptar su muerte y para mí es muy fuerte.”
Sandra Cornelius Grazioso leyó dos nombres: John y Timothy, sus hijos de 41 y 42 años. El más grande había llevado al menor a trabajar con él en una financiera. Estaban en los pisos 104 y 105 cuando el primer avión chocó contra el imponente edificio.
Roxana y Sandra fueron dos de los tantos que ayer reclamaron la apertura del museo por el 11 de septiembre, una obra que integraba el plan inicial del memorial y que debería haberse inaugurado este año. Su construcción está interrumpida por una disputa entre los gobiernos de la ciudad de Nueva Jersey y el Estado de Nueva York –que comparten la jurisdicción sobre el predio– y la fundación que administra el sitio (presidida por el alcalde de la ciudad de Nueva York, Michael Bloomberg). Los 15 mil millones de dólares que costará terminar la obra no son el problema, sino quién se hará cargo de los 60 millones anuales para su funcionamiento. A sabiendas de que el contexto no era el adecuado, la organización del acto optó porque ningún funcionario electo tenga la palabra. Los titulares de los distintos ejecutivos s igual se hicieron presentes. Llegaron sobre la hora y acompañaron el homenaje en silencio.
A tres cuadras de la Zona Cero, como se nombró al sitio donde cayeron las torres, los corresponsales audiovisuales amontonados en un corralito se paraban en taburetes para dar sus reportes aprovechando la altura de la nueva edificación. Frente a ellos, decenas de personas querían llamar su atención con leyendas en sus remeras y carteles impresos: “El 11S fue un trabajo interno”, “Detengan el control de las mentes”, “La guerra contra el terror es un fraude, pidan una nueva investigación”. Por sobre todos ellos, banderas de los Estados Unidos cubriendo ventanas o edificios enteros. Instantáneas de una ciudad que en once años cambió algo más que su fisonomía. «
Por Javier Borelli / desde Nueva York
Unos con gorras naranjas cortaban las calles en el corazón financiero
de Manhattan y pedían a los transeúntes que no se detuvieran. Otros, de
gorras azules, preguntaban a los gritos si había familiares de las
victimas entre los turistas. En la calle vacía, sólo quienes portaban
credenciales que indicaban el parentesco con los que murieron en los
atentados del 11 de septiembre lograban pasar los controles de
seguridad. Tras cuatro puestos de vigilancia y resguardados por un alto
tabique de madera, los familiares recordaron a los 2752 muertos que dejó
el derrumbe de las Torres Gemelas.El Centro de Intercambio Mundial -el área donde estaban los edificios emblema de la ciudad- guardaba una inusual calma. Apenas el sonido latoso de un micrófono que nombraba a cada una de las victimas permitía imaginar lo que sucedía dentro del memorial. En seis lapsos de la mañana el tiempo se hizo más denso: a las 8:46, 9:03, 9:37, 10:03, 9:59 y 10:28. Esas coordenadas recuerdan el momento en que el avión de American Airlines se estrelló contra la torre norte, cuando el Boeing 767 de United Airlines lo hizo con la torre sur, el golpe contra el Pentágono, la caída de otro avión secuestrado en Pensilvania y el desplome de los edificios hermanos. Sólo el zumbido de los autos a varias cuadras hizo patente el silencio y recordó que se trataba de un día hábil.
“Vengo porque como no recuperaron su cuerpo este es el único lugar que tengo para recordarla. Para mi esto es como si fuera un cementerio”, contó a Tiempo Argentino Roxana Batista, hermana mayor de Giovanna Porras, una contadora de 24 años que trabajaba en una compañía de telecomunicaciones en el piso 83 de la torre Norte. Apenas tenían 8 y 11 años cuando su padre decidió traerlas desde Perú para asentarse en los Estados Unidos. El año pasado Roxana había pedido leer el nombre de su hermana durante el homenaje, pero esta vez prefirió no hacerlo. “Sería aceptar su muerte y para mí es muy fuerte.”
Sandra Cornelius Grazioso leyó dos nombres: John y Timothy, sus hijos de 41 y 42 años. El más grande había llevado al menor a trabajar con él en una financiera. Estaban en los pisos 104 y 105 cuando el primer avión chocó contra el imponente edificio.
Roxana y Sandra fueron dos de los tantos que ayer reclamaron la apertura del museo por el 11 de septiembre, una obra que integraba el plan inicial del memorial y que debería haberse inaugurado este año. Su construcción está interrumpida por una disputa entre los gobiernos de la ciudad de Nueva Jersey y el Estado de Nueva York –que comparten la jurisdicción sobre el predio– y la fundación que administra el sitio (presidida por el alcalde de la ciudad de Nueva York, Michael Bloomberg). Los 15 mil millones de dólares que costará terminar la obra no son el problema, sino quién se hará cargo de los 60 millones anuales para su funcionamiento. A sabiendas de que el contexto no era el adecuado, la organización del acto optó porque ningún funcionario electo tenga la palabra. Los titulares de los distintos ejecutivos s igual se hicieron presentes. Llegaron sobre la hora y acompañaron el homenaje en silencio.
A tres cuadras de la Zona Cero, como se nombró al sitio donde cayeron las torres, los corresponsales audiovisuales amontonados en un corralito se paraban en taburetes para dar sus reportes aprovechando la altura de la nueva edificación. Frente a ellos, decenas de personas querían llamar su atención con leyendas en sus remeras y carteles impresos: “El 11S fue un trabajo interno”, “Detengan el control de las mentes”, “La guerra contra el terror es un fraude, pidan una nueva investigación”. Por sobre todos ellos, banderas de los Estados Unidos cubriendo ventanas o edificios enteros. Instantáneas de una ciudad que en once años cambió algo más que su fisonomía. «
Publicado en la edición impresa de Tiempo Argentino el 12/09/2012


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