EE UU refuerza la seguridad en Libia tras el ataque al consulado

El embajador y tres ciudadanos estadounidenses murieron durante la agresión con bombas incendiarias. Sospechan que se trató de un acto planificado. Obama reafirmó que “este hecho no quebrará los lazos” entre ambos países.
Por Javier Borelli / Desde Nueva York 
El gobierno de los EE UU envió dos buques de guerra a las costas de Libia, tras el ataque con bombas incendiarias a su Consulado en Benghazi en el que murió el embajador Chris Stevens y otros tres ciudadanos de los EE UU. Según informaron los medios estadounidenses, los dos barcos, el USS Laboon y el USS McFaul, se sumarán a dos aviones no tripulados, conocidos como drones, que buscarán campamentos de extremistas y otros objetivos que pudieran estar vinculados con el ataque al consulado en Benghazi. Horas antes, el gobierno de Barack Obama había anunciado el envío de unos 50 marines hacia Libia con el objetivo de reforzar la seguridad de las instalaciones diplomáticas de EE UU en ese país. Si bien inicialmente se sostuvo que la agresión se produjo en respuesta a la exhibición de una película que critica a la religión musulmana y difama al profeta Mahoma (ver aparte), fuentes de Washington sugirieron que pudo haberse tratado de un acto planificado previamente, en coincidencia con el undécimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001, y que habrían utilizado las protestas como "distracción". Gobiernos de todo el mundo, incluido el de Argentina, condenaron el ataque.
Las autoridades libias admitieron que habían perdido el control de la situación que causó las muertes en Benghazi. En Egipto, unas 3000 personas también se habían manifestado ante la embajada estadounidense e incluso algunas treparon los muros exteriores y remplazaron la bandera de las barras y estrellas por una negra con la leyenda: “No hay otro Dios más que Alá y Mahoma es su profeta.” Pero en El Cairo la situación fue controlada. 
“Condeno este acto cobarde y criminal contra el consulado estadounidense en Benghazi y el asesinato del señor embajador y sus compañeros”,  dijo el vice primer ministro libio, Mustafá Abu Shaqur. Mientras, y ante la ineptitud mostrada por los servicios de seguridad locales, llegaba a Trípoli un contingente de 50 marines que se harán cargo del cuidado de las legaciones estadounidenses en el país africano, a los que en las próximas horas se sumarán dos buques de guerra y dos aviones no tripulados.
“A la vez que rechazamos los intentos de denigrar las creencias religiosas ajenas, debemos oponernos al tipo de violencia sin sentido que se cobró las vidas de estos servidores públicos”, dijo el presidente estadounidense Barack Obama ante el supuesto detonante de lo ocurrido. Horas después, el republicano Mike Rogers, titular de la Comisión de Inteligencia, aseguraba que había “claras evidencias” de que el ataque pudo haber sido planificado. Al margen de las sospechas –que llevaron al Pentágono a enviar dos equipos de “seguridad antiterrorista” a la zona–, Obama reafirmó que “este hecho no quebrará los lazos” entre ambos países.
La protesta había sido convocada ante la inminente difusión de la película La inocencia de los musulmanes, realizada por Sam Bacile, un israelí residente en Estados Unidos (ver aparte). Los manifestantes se enfrentaron con la guardia de la embajada y arrojaron bombas molotov contra el edificio, provocando el incendio que causó las cuatro muertes y decenas de heridos. En la más simple de las reacciones, miembros del Congreso Nacional Libio responsabilizaron a seguidores del ex líder Muammar Khadafi por la “cobarde reacción”, mientras algunos medios sugirieron que tras los ataques se encontraba la organización islámica Ansar al Sharia, ligada a Al Qaeda.
Stevens, de 52 años, es el quinto embajador muerto en funciones. El último había sido Adolph Dubs, en Afganistán (1979). Stevens había asumido el cargo en mayo de 2012, pero antes había oficiado como segundo de la representación estadounidense entre 2007 y 2009. En 2011 fue designado delegado especial para las relaciones con la oposición libia y luego con el Consejo de Transición. «
  
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La película de la discordia
La publicación de unos fragmentos de la película La inocencia de los musulmanes en Youtube bastó para que el film que parodia al profeta Mahoma –y que aún no fue estrenado–  desatara la ira entre los creyentes del mundo árabe. Además de los ataques a las embajadas estadounidenses en Libia y Egipto, la República Islámica de Irán condenó el contenido de los videos y el Ministerio de Comunicación afgano bloqueó su acceso por Internet. Los Hermanos Musulmanes, el principal partido político egipcio, llamó a sus seguidores a manifestarse de forma pacífica.
La película realizada por Sam Bacile, un hombre de 52 años que reside en California, presenta al Islam como una "religión de odio". El diario The Wall Street Journal publicó una entrevista al cineasta, que decidió pasar a la clandestinidad, en la que afirma que "el Islam es un cáncer" y reivindica su intención de "mostrar la ideología destructora" de esa religión.
Youtube restringió anoche en Egipto y Libia el acceso al video antiislámico. "Este video está ampliamente accesible en la Internet. Sin embargo, dada la situación muy difícil en Libia y Egipto, restringimos temporariamente el acceso en ambos países", explicó la vocera Maha Abouelenein.

Publicado en la edición impresa Tiempo Argentino el 13/09/2012

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