La ingeniera argentina que le marca la agenda a Ban Ki-moon
Fue la máxima directiva de Telecom en el país hasta que saltó a la actividad pública. Su rol en el manejo de la crisis posterior al tsunami que provocó 200 mil muertos en Indonesia en 2004 y el desafío de cada día en la ONU.
Su trabajo consiste en adelantarse a lo inesperado. Una tarea que se vuelve inimaginable si se considera además que su campo de acción es el mundo entero y su alcance, 7000 millones de personas. La argentina Susana Malcorra no es vidente pero intenta llevar adelante esa misión imposible todos los días como jefa de Gabinete del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. "Estar preparado para lo que uno no está preparado parece una incoherencia pero eso significa que uno debe tener mucho sistema. Tener todo muy ordenado, de manera que te permita, como dicen aquí, que 'los trenes lleguen a tiempo' y a la vez tener una capacidad de reacción y adaptación muy grande para cualquiera sea la cosa que se venga."
Esta ingeniera rosarina sabe de lo que habla. Con ocho años en las Naciones Unidas, la argentina con el cargo más alto en la organización plurinacional ha tenido que coordinar la respuesta humanitaria en varias crisis internacionales. Apenas habían pasado unos días desde que asumió el puesto de directora ejecutiva adjunta del Programa Mundial de Alimentos (PMA) cuando un terremoto en el Océano índico popularizó el término "tsunami" en 2004. Las inmensas olas causaron alrededor de 230 mil muertos y 2 millones de desplazados en el sudeste de Asia. "Como justo ocurrió para el período de Navidad yo era la única que quedaba en el programa y me tocó coordinarlo", recuerda Malcorra. "Pero las organizaciones humanitarias tienen protocolos preparados para esas situaciones y, a pesar de que era un período festivo, en un plazo de entre 24 y 48 horas ya teníamos desplegado un cuerpo de profesionales en el terreno dispuestos a trabajar en varios países. Suena simple pero es muy complejo."
Su desempeño en el PMA le valió el reconocimiento del secretario general de la ONU quien, en 2008, la nombró jefa del Departamento de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno, con lo cual tuvo que ocuparse de dirigir el apoyo a las misiones de paz de las Naciones Unidas en todo el mundo. Luego, en marzo de este año, Ban Ki-moon decidió nombrarla su jefa de Gabinete.
"Yo hice toda mi carrera profesional con grandes responsabilidades, tanto en el sector privado como en la ONU, y siempre ha sido mi trabajo organizar, coordinar y lograr resultados a través de grandes grupos de trabajo. Pero cuando pasé a ser jefa de Gabinete de Ban Ki-moon, lo que aprendí es que este no es un trabajo en el cual yo organice y coordine. Sino que el mundo me organiza y me coordina."
–Uno de los trabajos más complejos debe ser coordinar para que los distintos países que forman la ONU contribuyan con sus recursos y Fuerzas Armadas cuando es necesario…
–Ese es un gran tema, porque el secretario general es el comandante en jefe de la fuerza militar más grande detrás de la de Estados Unidos. EE UU es el que tiene el mayor despliegue militar fuera de su país. Luego vienen las Naciones Unidas, con casi 100 mil militares y 20 mil policías en todo el mundo. Pero la diferencia es que el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de EE UU decide y ordena, mientras que el de las Naciones Unidas recibe las órdenes del Consejo de Seguridad y los recursos de los estados miembro. Entonces tiene que armar un enorme rompecabezas a partir del momento en que se toma la decisión.
–A partir de su experiencia en el trabajo cotidiano, ¿cómo evalúa usted el lugar de la Argentina en el concierto de naciones?
–Argentina es un país que ha tenido un rol muy importante a lo largo de la historia del mundo y tiene un liderazgo reconocido. Siempre ha articulado su presencia para hacer escuchar la perspectiva del país respecto de los temas más importantes.
–La Argentina está confiando su reclamo de soberanía sobre las Malvinas al sistema de las Naciones Unidas. ¿Cómo piensa que puede avanzar el asunto?
–Ese es un tema sobre el que no puedo opinar, pero sí puedo decir que el secretario general está dispuesto a intervenir y usar sus buenos oficios para ayudar en todo lo que sea posible si las partes así lo piden.
–Su nombramiento como jefa de Gabinete de Ban Ki-moon puede ubicarse, junto con la asunción de varias presidentas, en un contexto de reconocimiento de los derechos y las capacidades de las mujeres. ¿Cómo evaluaría esta situación y cuánto falta para poder hablar de igualdad?
–Falta muchísimo. Siempre digo que la población del mundo es esencialmente mitad y mitad. Ahora, si para cualquier tarea que nos planteamos hacer solamente elegimos de la mitad de lo posible, eso nos quita una amplia oferta y es lo que históricamente ha hecho el mundo. Entonces, no solamente es un derecho de las mujeres sino que es una cosa de diseño razonable el ampliar nuestra selección a la totalidad de la población para poder tener lo mejor y lo más brillante. En ese sentido yo creo que la Argentina ha hecho un enorme desarrollo en los últimos años. Aunque si uno mira el sector privado, va a ver que sigue habiendo muy pocas mujeres. En el sector público hay un poco más, sin llegar al 50 por ciento.
–Usted trabajó durante muchos años en la actividad privada antes de llegar a la ONU. ¿Cuáles diría que son las principales diferencias entre un tipo de trabajo y el otro?
–La actividad privada está orientada a resultado del trimestre, al retorno de la inversión, etcétera. En cambio, el conjunto de movilizadores en la ONU es totalmente distinto. Siempre digo que en mi entrenamiento gerencial no hubo nada que me preparara para manejarme aquí. Esta es una organización de un alto contenido político, motorizada por los valores de la Carta y que está orientada a tener resultados al más largo plazo. Aunque al mismo tiempo debe responder a casos como el tsunami, las presiones también son distintas. Yo viví muchísima presión en el sector privado, entre ellas la crisis de 2001 como la CEO de Telecom, pero no hay nada que te presione más que ir a hacer una visita al terreno y ver que de repente no estamos haciendo lo suficiente para atender a los que están. Recorrer las misiones de paz en los lugares más extremos donde no siempre estamos pudiendo resolver los temas estructurales es algo que te moviliza de una manera totalmente distinta y que mueve otros resortes. «
Por Javier Borelli / Desde Nueva York
Su trabajo consiste en adelantarse a lo inesperado. Una tarea que se vuelve inimaginable si se considera además que su campo de acción es el mundo entero y su alcance, 7000 millones de personas. La argentina Susana Malcorra no es vidente pero intenta llevar adelante esa misión imposible todos los días como jefa de Gabinete del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. "Estar preparado para lo que uno no está preparado parece una incoherencia pero eso significa que uno debe tener mucho sistema. Tener todo muy ordenado, de manera que te permita, como dicen aquí, que 'los trenes lleguen a tiempo' y a la vez tener una capacidad de reacción y adaptación muy grande para cualquiera sea la cosa que se venga."
Esta ingeniera rosarina sabe de lo que habla. Con ocho años en las Naciones Unidas, la argentina con el cargo más alto en la organización plurinacional ha tenido que coordinar la respuesta humanitaria en varias crisis internacionales. Apenas habían pasado unos días desde que asumió el puesto de directora ejecutiva adjunta del Programa Mundial de Alimentos (PMA) cuando un terremoto en el Océano índico popularizó el término "tsunami" en 2004. Las inmensas olas causaron alrededor de 230 mil muertos y 2 millones de desplazados en el sudeste de Asia. "Como justo ocurrió para el período de Navidad yo era la única que quedaba en el programa y me tocó coordinarlo", recuerda Malcorra. "Pero las organizaciones humanitarias tienen protocolos preparados para esas situaciones y, a pesar de que era un período festivo, en un plazo de entre 24 y 48 horas ya teníamos desplegado un cuerpo de profesionales en el terreno dispuestos a trabajar en varios países. Suena simple pero es muy complejo."
Su desempeño en el PMA le valió el reconocimiento del secretario general de la ONU quien, en 2008, la nombró jefa del Departamento de Apoyo a las Actividades sobre el Terreno, con lo cual tuvo que ocuparse de dirigir el apoyo a las misiones de paz de las Naciones Unidas en todo el mundo. Luego, en marzo de este año, Ban Ki-moon decidió nombrarla su jefa de Gabinete.
"Yo hice toda mi carrera profesional con grandes responsabilidades, tanto en el sector privado como en la ONU, y siempre ha sido mi trabajo organizar, coordinar y lograr resultados a través de grandes grupos de trabajo. Pero cuando pasé a ser jefa de Gabinete de Ban Ki-moon, lo que aprendí es que este no es un trabajo en el cual yo organice y coordine. Sino que el mundo me organiza y me coordina."
–Uno de los trabajos más complejos debe ser coordinar para que los distintos países que forman la ONU contribuyan con sus recursos y Fuerzas Armadas cuando es necesario…
–Ese es un gran tema, porque el secretario general es el comandante en jefe de la fuerza militar más grande detrás de la de Estados Unidos. EE UU es el que tiene el mayor despliegue militar fuera de su país. Luego vienen las Naciones Unidas, con casi 100 mil militares y 20 mil policías en todo el mundo. Pero la diferencia es que el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de EE UU decide y ordena, mientras que el de las Naciones Unidas recibe las órdenes del Consejo de Seguridad y los recursos de los estados miembro. Entonces tiene que armar un enorme rompecabezas a partir del momento en que se toma la decisión.
–A partir de su experiencia en el trabajo cotidiano, ¿cómo evalúa usted el lugar de la Argentina en el concierto de naciones?
–Argentina es un país que ha tenido un rol muy importante a lo largo de la historia del mundo y tiene un liderazgo reconocido. Siempre ha articulado su presencia para hacer escuchar la perspectiva del país respecto de los temas más importantes.
–La Argentina está confiando su reclamo de soberanía sobre las Malvinas al sistema de las Naciones Unidas. ¿Cómo piensa que puede avanzar el asunto?
–Ese es un tema sobre el que no puedo opinar, pero sí puedo decir que el secretario general está dispuesto a intervenir y usar sus buenos oficios para ayudar en todo lo que sea posible si las partes así lo piden.
–Su nombramiento como jefa de Gabinete de Ban Ki-moon puede ubicarse, junto con la asunción de varias presidentas, en un contexto de reconocimiento de los derechos y las capacidades de las mujeres. ¿Cómo evaluaría esta situación y cuánto falta para poder hablar de igualdad?
–Falta muchísimo. Siempre digo que la población del mundo es esencialmente mitad y mitad. Ahora, si para cualquier tarea que nos planteamos hacer solamente elegimos de la mitad de lo posible, eso nos quita una amplia oferta y es lo que históricamente ha hecho el mundo. Entonces, no solamente es un derecho de las mujeres sino que es una cosa de diseño razonable el ampliar nuestra selección a la totalidad de la población para poder tener lo mejor y lo más brillante. En ese sentido yo creo que la Argentina ha hecho un enorme desarrollo en los últimos años. Aunque si uno mira el sector privado, va a ver que sigue habiendo muy pocas mujeres. En el sector público hay un poco más, sin llegar al 50 por ciento.
–Usted trabajó durante muchos años en la actividad privada antes de llegar a la ONU. ¿Cuáles diría que son las principales diferencias entre un tipo de trabajo y el otro?
–La actividad privada está orientada a resultado del trimestre, al retorno de la inversión, etcétera. En cambio, el conjunto de movilizadores en la ONU es totalmente distinto. Siempre digo que en mi entrenamiento gerencial no hubo nada que me preparara para manejarme aquí. Esta es una organización de un alto contenido político, motorizada por los valores de la Carta y que está orientada a tener resultados al más largo plazo. Aunque al mismo tiempo debe responder a casos como el tsunami, las presiones también son distintas. Yo viví muchísima presión en el sector privado, entre ellas la crisis de 2001 como la CEO de Telecom, pero no hay nada que te presione más que ir a hacer una visita al terreno y ver que de repente no estamos haciendo lo suficiente para atender a los que están. Recorrer las misiones de paz en los lugares más extremos donde no siempre estamos pudiendo resolver los temas estructurales es algo que te moviliza de una manera totalmente distinta y que mueve otros resortes. «
Artículo publicado en la edición impresa del diario Tiempo Argentino el 23/09/12



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